Se encontraba el joven Merlín limpiando el Templo cuando llegó su condiscípulo Ernest para ayudarle en la tarea. Mientras acomoda un candelabro con siete velas en el Oriente comenta: “Me siento muy apenado por haber enjuiciado a Willi”. Escuchó: “No debe apenarse mi hermano, en cambio, debe asimilar la Enseñanza para hacerla vida”.
Ernest es un joven de 16 años que ingresa a la Escuela Iniciática tres años atrás. Sus padres dedicados al comercio, deseaban darle la mejor educación por lo que acudieron al Maestro Iniciado indogermánico Hebert que gozaba de amplia reputación al ser el Consejero del Rey, cifrando su esperanza de que lograse ubicarse en una mejor posición social.
Comenta: “Para ti es fácil, Merlín, ya que tú has vivido siempre con el Maestro Hebert. Pero yo, que mis padres se levantan a las cuatro de la mañana para prepara los productos que llevarán al mercado y al terminar el día, además de las cuentas del día deben ir a los centros de acopio y regresar para iniciar los preparativos del día siguiente, no es sencillo”.
Merlín detiene su actividad de limpiar la fuente de bronce ubicada sureste del Templo y pregunta: “¿Por eso se le hace difícil a mi hermano?” La respuesta abunda: “¡Claro! Mira, tú haz adquirido la Enseñanza casi desde que naciste. Mientras que yo, apenas tengo tres años aquí, y eso marca la diferencia”.
El joven adepto de aproximadamente 18 años y figura delgada, sonríe y se acerca a Ernest para invitarle a sentarse al lado sur del Ara que se encuentra en el centro. Con voz pausada expresa: “Mi hermano debe observar que los Augustos Misterios de la Enseñanza se sustentan en que cada uno de nosotros abramos el corazón y la mente para recibirles”.
No es tan sencillo, responde Ernest, tú y los demás entendieron rápidamente la explicación que dio el Maestro Hebert en el bosque. Es clara la referencia de la definición de una persona desde los diferentes puntos que se le vea, por lo que se entiende claramente que toda verdad es relativa y no debemos juzgar. Pero ¿eso del espejo? ¿Cómo se aplica?
Como arriba es abajo, dice Merlín, por eso, lo que se explicó es que así como en una persona es imposible verle completamente y solamente se observa un plano de los muchos que presenta, así en la vida cotidiana, una acción determinada es imposible juzgarla y calificarla, ya que la interpretamos conforme nuestra limitada visión del momento.
Lo entendía, ataja Ernest, lo que sembró ciertas dudas en mí es la referencia del espejo, en donde dice el Maestro Hebert que al despertarnos en la mañana y vernos en él, solamente vemos una parte de nuestra verdad por lo que es necesario recorrer el Camino Oculto que se encuentra en nuestro interior y que nadie puede ver.
Cierto es mi hermano, dice Merlín al momento de encender las tres velas que adornan el Ara y dice: La mejor manera de que lo entienda mi querido hermano es mediante la acción. Tome asiento en el Occidente y yo me quedo en el Sur. Acomode sus manos en las rodillas y la espalda derecha. Mire hacia el Oriente. Ahora, cierre los ojos.
Los dos condiscípulos adoptan la misma posición. Merlín pide que aspiren profundamente tres veces y suelten el aire lentamente. Después entonan el Mantra Om tres veces. Pregunta: ¿Qué mira mi hermano? El cofrade indica que nada. “Todo está oscuro” Le sugiere que no se preocupe y relaje su cuerpo.
“Estoy relajado”, expresa Ernest con cierta dureza en la voz. Merlín sabe que su condiscípulo está tenso y con tono suave le dice: “Mi Hermano no tiene porque endurecer el sonido de la voz. Mejor empecemos por aspirar profundamente, imaginando que las fosas nasales se encuentran en la coronilla por donde entra una Luz Amarilla”.
Lo guía hacia la iluminación con esa Luz Amarilla del Cosmos del cerebro y en cada aspiración se expande lentamente por todo el cuerpo hasta que escucha un tono suave en la voz de su cofrade que anuncia el poder ver un punto de Luz Blanca que parpadea, como si le invitase a tocarla, a fundirse en ella.
El joven Merlín le señala que en ese momento debe reflexionar sobre cual sería su máximo vicio. Pasan largos minutos y la conducción amorosa para que Ernest pueda observar que tiene el vicio del autoritarismo. El guía explica que esa es una máscara que encubre un temor por lo que debe hacerla a un lado para descubrir ese miedo.
Remolinea el joven adepto con un gesto de fastidio, en donde la tolerancia y amabilidad de Merlín permite continuar con el ejercicio. “Tengo miedo a que se descubra la escasa cultura de mis padres, que se han esmerado únicamente en conseguir dinero para ganarse el respeto. Pero en sus relaciones sociales, en realidad, son víctimas de burla”.
El conductor le pide que vea la figura del padre al lado de la madre. El adepto describe a la pareja vestida con andrajos y con mirada triste. Recibe la explicación de que los andrajos representan la miseria espiritual y cultural mientras que la mirada triste proyecta la insatisfacción y en cierta medida, las frustraciones personales.
Aclara, empero, que esta visión corresponde a lo que el adepto siente y prejuzga. “No, mi hermano Merlín, no es como lo veo, sino como son ellos”. Pregunta. ¿Cómo son? ¿Ante quien? ¿Ante Usted? ¿Ante su entorno social? Y le invita a acercarse a la pareja. Conforme se aproxima define que cambia el ropaje y se alegra la mirada.
Esto representa que Usted, mi hermano, siente que es el centro de atención de sus padres y por lo mismo, al sentir que le miran, se alegran y hasta cierto punto se enorgullecen de su hijo con la esperanza de que en un futuro cercano reciban la justa retribución al esfuerzo de haberle dado la educación que le supere, sin importar los sacrificios realizados, dice.
Indica Merlín: ¡Abrácelos! A lo que el discípulo se resiste. Le pregunta: ¿Por qué no quiere abrazarlos? No hay una respuesta clara. El Guía explica que la visión primera influye en sentir vergüenza de sus progenitores por lo que no desea mezclarse con ellos. Interroga: ¿Será cierta la visión que tiene de sus padres?
Le conduce por un sendero para rodear las imágenes observadas. Llegan a la parte posterior. Ernest se sorprende. Mira una gran fiesta en donde sus padres son recibidos por sus amigos. La convivencia es alegre y los anfitriones ofrecen unos regalos a los festejados. “Esta es la razón del miedo, mi querido hermano. Usted sabe que sus padres han destacado en su trabajo y siente miedo de su incapacidad para ser como ellos”.
Rompe el ejercicio al abrir los ojos Ernest y espetar a Merlín: “¿Cómo es que tengo miedo a mi incapacidad?” Le responde que el éxito económico y social de sus padres ha sido de tal magnitud que le espanta la grave responsabilidad que le espera, por lo que prefiere verlos por debajo de su condición para encontrar su propia satisfacción.
“Debe ver mi hermano, que el éxito de los demás carece de importancia. Lo realmente importante y verdadero es el propio éxito, pequeño, mediano o grande, que cada uno consiga en la vida. Ya que al reconocer las propias limitaciones encuentra uno los puntos en que debemos prepararnos para ser mejores. Reconocer la debilidad nos hace fuertes”, dice.
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